Ella es mía – Capítulo 4

Ella es mía – Capítulo 4, es el último capítulo de esta historia corta entre Ana Miller y Sam White. Su corta historia amorosa terminará. ¿o no?

Ella es mía

Capítulo 4

Te espero mañana

Hace varios días que Sam no venía a estudiar, no sabía si estaba enfermo o qué le sucedía. Ya me estaba preocupando, los parciales se acercaban y no lo veía por ningún lado. Al finalizar las clases reuní el valor para acercarme a la casa de Sam. Dudé mucho pero al final me acerqué y timbré esperando que Sam me abriera.

—Hola mucho gusto soy Ana una compañera de Sam.

—Ana, claro… Vives a unas casas de aquí. Soy Alan el hermano de Sam —Sus características físicas eran parecidas a Sam, solo que sus ojos no eran cafés sino verdes y era mucho mayor—. Pasa.

—¿Se encuentra Sam? Le traje unos cuadernos para que se adelante.

—Hace un rato salió, él vuelve muy pronto, pasa.

Pasé detallando su casa. Era blanca, varios cuadros de botes adornaban sus paredes. Seguí al hermano de Sam que me llevó a la cocina, sirvió un poco de jugo de fresa y me lo dio.

—Mi favorito —manifesté.

—Lo sé —dijo de un impulso. Creo que notó que se me hizo muy extraño—. Haz como si no te lo hubiese dicho —sonrió aunque creo que le dio pena—. Hace un tiempo Sam pide jugos de fresa constantemente.

Miré un cuadro colgado en la pared donde estaba Sam con su hermano y su mamá.

—¿Sam se encuentra con su mamá ahora?

Él se quedó en silencio, me miró a los ojos y puso sus manos en el mesón, parecía como si me quisiera decir algo pero no pudiera.

—Sé que Sam no le gustara que te diga esto pero… —veía un poco de ansiedad en su mirada.

—¿Qué sucede?

—Nuestra madre murió hace ya unos ocho meses, Sam quedó muy mal, su vida no parecía la misma desde entonces. No sabía qué hacer para que se sintiera mejor, así que lo obligue a que leyera libros motivacionales para que no tuviera que llevarlo al psicólogo, pero no funcionó. Lo único que hizo diferencia en su vida fuiste tú.

—¿Yo?

—Sam me confesó que se sentía mejor cuando ibas tras de él, que no se sentía solo. —La expresión de Alan me generaba nostalgia. Un hermano mayor protegiendo a su hermano menor—. No te apartes de él —añadió.

Lo que yo creía que era acosarlo, para Sam significaba algo más.

Escuché que alguien entraba. Sam llegó a la cocina con unas bolsas de mercado.

—Hola. —Lo saludé un poco apenada, Alan se ubicó atrás de Sam e hizo la señal de que no dijese nada de lo que me había contado—. Te traje unos cuadernos para que te adelantes.

—Vamos a mi alcoba —dijo un poco serio mirando a Alan.

Su cuarto era una biblioteca, lo que para Eddie era el baloncesto para Sam era la lectura.

—Hay muchos libros. —Fue lo único que pude decir, que tonta me sentía.

Me regaló una sonrisa leve.

—Siéntate. Si deseas me los puedes entregar ahora.

—¿Entregarte qué?

—Los cuadernos —afirmó.

—Ah eso… amm. —Rayos, aquello era una mentira, solo para verlo.

—No los trajiste cierto. —Sonrió.

Negué con la cabeza. Qué bueno que le pareció gracioso.

Vi la foto de su madre con él sonrientes en el nochero junto a una lámpara. No pude evitar quedarme por un momento en silencio.

—Alan ya te contó. —Me miró alzando las cejas.

—Si, lo siento mucho, no tenía ni idea.

Él se sentó en la cama y se quedó mirando la foto. Su mirada se tornó apagada y triste. Toqué su espalda intentando que se sintiera mejor.

—Ella fue la que te vio siguiéndome varias veces. No tenía ni idea que estabas detrás de mí hasta que mamá me comentó y me dijo que te dejara. También me dijo que inconscientemente me habías elegido para protegerte. Aunque creo que fue al revés.

—¿Al revés?

—Cuando murió me quise desaparecer, pero cuando me seguías estaba tan pendiente de ti y de lo que leía que se me olvidaba de la tristeza y me sentía bien. —Tocó mis manos con las suyas, de repente sentí abrasarlo y lo hice.

—Todas tus notas están en una caja debajo de mi cama —dijo de repente.

—¿En serio?

—¡Si es que son muchas! —Al instante sentí mucha pena—. Aunque carece de buena ortografía me siento bien al leerlas, disfruto de tus ocurrencias.

Puse mis manos en mi cara en señal de vergüenza. Él tomo mis manos y me miró.

—Me haces mucho bien —susurró acercándose.

—Ya debo irme. —Tragué un poco de saliva.

Ya debía irme o mi mamá se molestaría. Así que Sam me acompañó hasta la puerta de su casa.

—Es mejor que mañana vengas al colegio —le sugerí llegando a la puerta.

—Si me acompañas si. —Se me acercó más de lo normal así que salí de su casa quedando al otro lado de la puerta.

—Adiós. —El volteó la mirada y al fondo pude ver a su hermano que le hacia una especie de gestos que paro de hacer apenas me vio observarlo.

—Adiós —se despidió, al instante su boca se acercó a la mía y me besó. Me miró a los ojos, sonrió y añadió—: Te espero mañana —cerró la puerta y me dejo flotando en una nube que me llevó hasta mi casa.

En la mañana estaba más que preparada, había peinado mí cabello unas mil veces y estaba lista para salir. Cuando abrí la puerta, lo vi sentado leyendo en la esquina de mi casa.

—Sam —lo llamé.

—¡Ana! —Su sonrisa fluyo de repente y me encantó. Se acercó a mí, me tomó de la mano y nos fuimos juntos. Ya no estaba más atrás de él. Mi fantasía de tomar su mano se había hecho realidad, ya no me sentía como una acosadora, me sentía como su novia y aquello era lo único que me importaba.

Fin.


Esa fue toda la historia aunque en Wattpad me han estado pidiendo que continúe con la historia pero lo estaré pensando.

Por ahora te recomiendo seguirme en Instagram: @soysaraacosta.

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