Ella es mía – Capítulo 3

Ella es mía – Capítulo 3! Esta historia corta de Ana Miller y Sam White está por llegar a su fin. Espero que aprendas del error de Ana y seas más atrevida con lo que quieres en tu vida.

Ella es mía

Capítulo 3

Te la puedes llevar pero ella es mía

Se me había hecho tarde, la alarma no sonó a tiempo y salí apresurada de mi casa. Caminé rápidamente hasta que me di cuenta que Sam estaba sentado en el andén frente a su casa leyendo un libro.

—Sam.

—Hola, estabas demorando mucho.

—¿Me estabas esperando?

—No entiendo por qué me lo preguntas si siempre nos vamos juntos. ¿De verdad te encuentras bien?

No lo podía creer. Él siempre pensó que nos íbamos juntos. Yo solo lo seguía y hasta me creía su acosadora, cuando la verdad era que él siempre me permitió estar a su lado.

—Me encuentro de maravilla.

Se levantó y comenzamos a caminar, me hice unos pasos atrás de él y él continuo leyendo su libro. Como a mitad de camino inesperadamente paró y me volteo a mirar.

—¿Por qué nunca me volviste a escribir?

Creo que mi cara se puso de mil colores.

—Bueno, pues… —No sabía que responderle. Hace unos días pensaba que para él yo no existía, que ni sabía mi nombre—. Nunca me respondiste ninguna, y pensé que no las aceptaste, así que, ya no era apropiado seguir enviándolas —dije mirando el piso y colocando mi mano en mi oreja.

—¿Te las tenía que responder? —preguntó. Parecía confundido.

—Esa era la idea.

—Yo acepté todas —manifestó mirándome a los ojos.

Se volteo y siguió con su lectura mañanera hasta llegar al colegio.

Empezamos las clases con educación física. La profesora nos puso a correr múltiples veces en la cancha de futbol. Cada cierto tiempo Eddie me regalaba agua, siempre estaba pendiente de mí porque no poseo muy buen físico.

A la hora de hacer abdominales la profesora nos pidió que hiciéramos parejas, Nora tomó a Sam mientras que Eddie se acercó a mí y me llevó hasta un extremo. Se acostó y me puso a sostenerle las piernas, luego me correspondió a mí. Que difícil era hacer 15 repeticiones cuando eran 100.

Faltando tan solo unos minutos para que se acabara la clase, la profesora dijo que los que quisieran ir a la cancha de baloncesto lo podían hacer. Eddie no dudó en emocionarse y tomando mi mano corrió conmigo hasta la cancha de baloncesto.

Me senté para verlo jugar y para mi sorpresa llegó Sam, hicieron dos equipos y para mi desgracia Eddie y Sam ahora se encontraban en grupos diferentes, no sabía si debía animar el grupo de Sam o el de Eddie.

No podía evitar mirar a Sam mientras jugaba y recordar que aceptó mis cartas.

Asombrosamente Sam anotó, muy difícilmente algún compañero logra anotar cuando esta Eddie jugando. No pude evitar ponerme contenta y me levante e hice una hurra de un impulso, cosa que no le gusto a Eddie, que se quitó la camisa y me la tiró en la cara. Él se quedó con una sin mangas.

Me sentí mal por la mirada que me lanzó Eddie, pero qué podía hacer si Sam estaba allí. El juego continuó, Eddie anotó continuamente y como su amiga debía animarlo. El equipo de Sam finalmente perdió. Sam se sentó cerca, se veía cansado y con calor, sin pensar bien las cosas le ofrecí agua, cosa que estuvo mal porque esa era la botella de Eddie.

Eddie se la rapó, tomó mi mano y trató de llevarme con él. La mano de Sam se puso sobre mi brazo y miro directo a los ojos de Eddie.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Eddie.

—Te la puedes llevar pero ella es mía.

Jalé mi mano de los dos inmediatamente.

—¿Yo qué? —Creo que una leve sonrisa salió de mí.

—Te dedicas a ilusionar niñas —protestó Eddie, volvió a tomar mi mano y me jaló con él.

Salimos de la cancha. Quería que me soltara para poder entender su mal genio.

—¿Por qué haces esto? —me pregunta con indignación en su mirada.

—Lo sabes muy bien —me solté —. Sé que me quieres proteger pero él no es malo.

Me devolví para hablar con Sam, al entrar a la cancha me quede paralizada.

Nora lo está tomando de las manos y se le acerca demasiado, él deja que se le acerque cosa que no me genera nada de gracia. De un impulso les tiré una pelota de baloncesto y me devolví.

Corrí en dirección a uno de los techos del colegio. Llegué exhausta así que me senté. Después de respirar unas incontables veces, por un momento analicé todo lo que sucedía y lo mucho que me confundía Sam. Además de lo que me decía Eddie con respecto al tema.

No entré a las clases que siguieron, no me sentía capaz de verlo a los ojos. Cuando finalizaron todas las clases salí de mi escondite, fui a buscar mis cosas. Encima de la maleta había una chupeta, sabía que había sido Eddie el que la había dejado allí. Le quité la envoltura y lo coloqué en mi boca.

Caminando por la cancha se apareció frente a mi Sam, sus ojos cafés grandes me miraban y su cabello negro despeinado hacía que luciera, para mi desgracia, mejor.

—¿Dónde estabas? —preguntó mirándome de arriba abajo. No podía mirarlo por mucho tiempo a los ojos o mi fuerza de voluntad junto con mi dignidad se desvanecería —. Te estuve esperando para irnos.

—No me iré contigo —dije con firmeza y seguí caminando.

—¿Es por lo que pasó? —Tomó mi brazo.

No le respondí. Me quedé chupando mi chupeta ya que era obvia la respuesta. De repente me arrebató la chupeta y la puso en su boca.

—Eres mía —susurró, se volteó y se fue caminando.

Me quede estática por un momento y lo seguí varios pasos atrás de él. Más lejos de lo acostumbrado.


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