Ella es mía – Capítulo 1

Ella es mía, es una historia corta sobre Ana Miller y en este primer capítulo hablaremos sobre la persona que le gusta desde hace tiempo que es Sam White. Para Ana, ella no existe en el mundo de Sam, pero todo cambiara cuando él termina estudiando en su mismo salón de clases.

Ella es mía

Capítulo 1

Al fin sabrá mi nombre

Acaba de empezar el año y al igual que los anteriores me dirijo al colegio detrás del chico que me gusta.

Mi amigo Eddie dice que soy una acosadora. Ya llevo cinco años caminando unos pasos atrás de él. De ida y de vuelta del colegio. Tengo fantasías tocando su mano o posiblemente un beso. No sé si me conocerá o si sabrá mi nombre, o que vivo a tres casas de la suya. Hace un tiempo le enviaba notas pero nunca fueron respondidas. Nunca me ha hablado, creo que nunca se ha dado cuenta que siempre estoy detrás de él.

Al entrar al colegio uno de sus amigos lo asedio así que continúe mi camino como si nada. Entré al salón que me designaron, atrás como siempre estaba Eddie molestando. Pobres de las profesoras que se lo tengan que aguantar este año.

Sabía que este año tenía un toque especial y no me equivocaba. De repente entró Sam y se sentó justo en la mesa de al lado. Pero… ¿Por qué estaba aquí? La respuesta era clara, perdió el año y ahora estudio con él. No pude evitar sonreír, aunque de repente sentí ansiedad. Mis manos empezaron a sudar.

Minutos después que la profesora llegó nos pidió que nos juntáramos con el compañero de al lado. Esta era mi oportunidad de al fin hablarle.

«Sí, tú puedes» me animaba a mí misma. «¡Hey! Yo puedo. Lo haré, solo respira».

Un calambre paso por mi cuerpo cuando me volteó a mirar, fue demasiada presión y de un impulso puse mi mirada en mi maleta y la abrí como buscando algo. Escuché el ruido de su mesa acercándola a la mía.

—Hola. —Su voz era tranquila.

Cuando lo sentí tan cerca, cerré la maleta y la tiré en el piso, puse mis manos nerviosas en mis bolsillos y respiré profundo.

—Hola —saludé mirando sus grandes ojos simulando una tranquilidad que no poseía en el momento.

La profe nos pasó una hoja con unas actividades. Sam tomó su lapicero y escribió su nombre completo en el parte de arriba: Sam White. Al fin sabrá mi nombre (pensé). Cuando terminó de escribir el suyo, estaba lista para darle mi nombre completo, sin embargo, sorprendentemente escribió: Ana Miller.

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté con gran curiosidad.

—Sería más extraño si no lo supiera. —Levantó una ceja y una media sonrisa se le asomó.

Tragué saliva. De repente mi corazón latió a mil por hora.

Realizamos la actividad, él mantuvo mucho silencio, era algo incómodo pero a la vez prefería que fuera así, pues no quería embarrarla diciendo cosas incoherentes. Al finalizar la actividad, de inmediato sonó el timbre de descanso y él salió rápidamente del salón.

—Ana. —Era Eddie llamándome—. Vamos, apresúrate.

Guardé mi cartuchera rápidamente y salí tras él.

—Te veías tan tímida ni te reconocí. —Tenía razón no me caracterizaba por ser una chica tímida solo que no sabía cómo reaccionar ante Sam.

Eddie era mi amigo desde hace varios años, mantenemos la mayor parte del tiempo juntos. Normalmente nos dedicábamos en el descanso a subirnos a uno de los techos del colegio que conecta con la calle y ahí le tirábamos bolas de papel a la gente que pasaba o gritamos en una de las ventanas para asustar a nuestros compañeros. En las tardes me enseñaba a jugar baloncesto pues era de sus más grandes aficiones, pocas veces le ganaba pues su altura era una barrera entre la canasta y yo. En el colegio siempre lo he apoyado cuando hay competencias. Es el que más se destaca.

—¿Qué hablaste con él? —preguntó curioso.

—Se podría decir que es de pocas palabras —respondí algo desanimada.

—Yo creo que deberías dejar a ese chico en paz y buscar a alguien que se ajuste a tu personalidad.

Creo que eso nunca lo consideré. Alguien con mi personalidad. Creo que me aguanto porque soy yo, pero aguantar a alguien como yo ya es algo muy diferente.

—Toma. —Sacó de su bolsillo chupetas sabor a fresa, de mis favoritas, y me regalo una.

—Que rico.


Ese fue todo el capítulo por esta ocasión. Si quieres más entonces házmelo saber para continuar escribiendo.

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