Dentro del Palacio – Capítulo 1

Decidí compartirte el primer capítulo de mi libro Dentro del Palacio que es el inicio de la historia de Maria en el que ella descubrirá lo que realmente ocurre Dentro del Palacio y ese será el detonante que necesita para convertirse en la heroína de nuestra historia.

Aclaro que solo publicaré el primer capítulo pero si quieres leer su historia completa entonces te recomiendo adquirirlo por medio de Amazon: [Haciendo click aquí].

Ahí encontrarás la versión digital y la versión impresa.

Ahora si, que la historia empiece.

Dentro del Palacio

Capítulo 1

Me dolía todo el cuerpo, un fuerte olor a tierra no me dejaba respirar, no podía ver nada. Había algo en mis ojos como una venda que no me dejaba ver donde estaba, y me dolían las muñecas de mis manos; las tenía atadas al igual que mis pies, me sentía como un costal, no escuchaba ningún ruido, todo estaba en total silencio, sabía que iba por un camino entierrado no sólo por el evidente olor sino que podía escuchar las piedras rebotar por el camino. ¿Pero a dónde me llevarán? sentía mucho frío, sentía miedo, me sentía mareada y todo se hacía más confuso. Todo mi cuerpo se empezó a dormir nuevamente y no me podía mover, me quede allí estática y el sueño se apoderó de mí. Mi historia no comienza aquí y creo que ni siquiera comienza conmigo; comienza muchos años atrás antes de que naciera, sin embargo, para mi dio inicio hace un año.

Estaba sentada debajo de un árbol, su sonrisa era plácida y se le notaba la paz en sus ojos. Usaba su vestido azul, el que utilizaba para eventos especiales, miraba hacia el cielo como si algo asombroso estuviese allí, pero yo no podía subir la mirada, yo solo la veía tan bella y al fin descansando. Desperté al escuchar la alarma, mire la hora y eran las 5:30 a.m., la hora en la que me levanto para empezar mis labores diarias, últimamente no había dormido nada, sentía cierta nostalgia con aquel sueño. Lo tomé como indicio que sería un día genial y que nada podría arruinarlo, así que me levanté con una sonrisa de oreja a oreja mandando las manos directo a mi enredado cabello castaño oscuro, tratando de peinarlo con los dedos hasta lograr una moña; es un cabello largo ondulado con un poco de frizz que me vuelve loca cada vez que lo tengo suelto, me costaba algo de tiempo desenredarlo. Me paré de mi cama en dirección al vestido que ya había separado el día anterior. La cogí y entré al baño, me quité la pijama y sin anestesia me metí a la ducha. El agua estaba tan fría que sólo diez minutos bastarán para salir de allí congelada, en esta época el agua es un lujo así que no la podemos gastar, adicionalmente «eso que dicen que si uno se mete a la ducha fría uno sale caliente y si se mete a la ducha caliente sale con frio», en este caso ese dicho fallo. Quería salir lo más rápido, con ganas de ponerme la ropa lo más pronto posible; y eso hice. Salí de la ducha y cuando me di cuenta ya estaba vestida saliendo del baño. Sólo me faltaba secarme los pies para ponerme los zapatos y peinarme; cuando mi mamá entró de repente.

—¿María ya estas lista?
—No mami, me falta ponerme los zapatos y peinarme.
—Te espero en la cocina para desayunar juntas —dijo sonriente y se marchó cerrando la puerta del dormitorio.

Me sequé los pies y me puse mis baletas rosadas que combinaban perfectamente con el vestido blanco, le agregué al vestido una correa café en forma de trenza para no verme tan simple; me cogí con las manos el cabello y me di cuenta que se me emparamó un poco la tela del vestido en la parte de la espalda, cosa que me fastidiaba mucho, así que me termine de secar el cabello con una pequeña toalla que tengo en una canasta con productos para el cabello ondulado. Salí rápido del dormitorio al darme cuenta que ya faltaban cinco minutos para las 6:00 a.m.

Mi mamá me esperaba sentada en el comedor mirando su reloj de mano. Me senté junto a ella y me dijo—: Te ves hermosa.

—Gracias mami, tú también.

Me parecía que mi madre es muy hermosa, su cabello es ondulado, pero no como el mío que se enreda por cualquier cosa, el cabello de ella es un ondulado de color castaño, sedoso, brillante a la luz del sol, sus ojos cafés oscuros como los míos, no es ni gordita ni flaca, ni alta ni bajita, y tiene dos hoyitos en las mejillas que dan mucha ternura.

Desayunamos arepas de queso con huevo y chocolate, sentía que se me iba a rasgar por alguna parte el vestido de lo llena que estaba.

—Mari, cepíllate rápido los dientes para salir ya.

Me cepille los dientes y me fui a coger mi pequeño bolso y salí directo a la puerta del apartamento en donde me esperaba mi mamá un poco inquieta.

—Mari —gritó mamá
—¿Qué pasó?
—Llegó el bus, apúrate.


Es cinco de enero del año verde y no verde porque los años sean llamados por colores, sino porque es lo que representa este año para el rey y sus ciudadanos, la naturaleza está más viva que nunca, los colores de las plantas adquieren un brillo excepcional. He escuchado que hace mucho, mucho tiempo los años eran contados, sin embargo hace mucho también se esfumó esa idea. Hubiese sido interesante vivir como vivían hace siglos… pero en realidad no sé ni lo que hablo porque el mundo de antes junto con el tiempo que el ser humano ha vivido en la tierra no ha quedado ni en los libros después de las guerras por el agua.

Vivo en el tercero de cinco reinos, este reino es llamado Luminous, esta es la fuente de los ríos, lagos y lagunas de los demás reinos; es un reino próspero. Nací en la ciudad central que se llama ciudad real aquí todo queda lejos de todo. Vivimos a media hora en bus de nuestra casa a nuestro trabajo. Siempre escojo el puesto de la ventana, pues me gusta mirar el cielo a esa hora, no es una ciudad con muchos edificios, a menos que mires donde viven los elites; así que es fácil ver cómo el cielo decora los techos de las casas en las mañanas. En el colegio los profesores narran cómo hace muchos siglos existían grandes arquitecturas; comparaban la ciudad con una ciudad de hierro y vidrio, aquí lo más parecido a esas anécdotas es el palacio real y los elite. Aquí solo existen tres niveles sociales: la realeza; la elite que abarca desde políticos, alcaldes de las ciudades hasta magnates; y el pueblo. Yo pertenezco al pueblo.

Siempre pasamos por un parque en el que mi papá me traía para jugar cuando pequeña, ahora que no está con nosotros esa era una de las cosas que extrañaba. Desde hace 3 años él trabaja en el palacio real, y es muy difícil verlo, una vez cada cuatro meses llegaba y se quedaba tres días y luego se iba; nos manda plata cada mes para nuestros gastos junto con una carta esperanzadora donde nos contaba lo bien que estaba, mi madre siempre decía «el amor requiere sacrificios» esa frase me hacía pensar mucho, pues el día que él se fue a trabajar al palacio eso fue lo último que me dijo mientras le rogaba que no se fuera; no es que fuera un mal trabajo si no que no quería dejar de verlo. Ese empleo mejoró nuestras vidas, pues la realeza le brindaba a los que trabajaban con ellos garantías como un buen hogar a las familias fuera del palacio, una buena salud y descuentos en la educación de sus hijos. Así que ahora vivimos en un buen lugar en comparación de antes y pude terminar la secundaria completamente y sin problemas en un colegio de clase media.

Al bajarnos del bus caminamos unas cuadras de amplias calles y casas de colores, pasamos por la plazoleta que en el centro se encuentra decorada por una estatua de un hombre que en algún momento fue nuestro rey, allí las familias se reúnen en sus tiempos libres.

—Mari mira a Lena.
—Llegó muy temprano.
—¿Qué habrá pasado?

Nosotras trabajamos en una empresa de postres llamado «Delicias» justo en frente de la plazoleta, la señora Lena es la dueña, ella siempre llega después de nosotras. Mi madre se encarga de abrir el negocio, pero esta vez ya estaba abierto y ella estaba en la puerta esperándonos.

Apenas llegamos notamos en su mirada cierta preocupación, de por si ella ya era una persona adulta, de piel clara con ojos verdes que hacía que se le notara una que otra arruga; su cabello rubio bien peinado donde se le asomaba unas cuantas canas. Siempre regia, pero esta vez estaba un poco despeinada como si se hubiera pasado la mano muchas veces por el cabello.

—Buenos días Lena ¿cómo te encuentras hoy? —preguntó mamá.
—Bien, nos llegó un pedido grande directo del palacio — respondió angustiada.
—¡Es una gran noticia! —comenté alegre mientras apretaba mi mano en mi pecho.
—Noticia la que se va a llevar el señor que nos contrató sino podemos cumplir a tiempo con el pedido.
—¿Quién nos contrató?
—El coordinador de la cocina real, el mismo del año pasado.
—¿Pero por qué te preocupas? —preguntó mamá colocando su mano encima de las manos de Lena que con sus dedos le da vueltas a su anillo una y otra vez como muestra de su ansiedad.
—¡4.000 postres en cinco semanas¡ —responde, y por un momento todos nos quedamos en silencio.

En ese momento lo entendí, nunca habíamos hecho un pedido de esta cantidad. Hace un año el coordinador de la cocina del palacio real nos hizo un pedido por 800 tortas de chocolate y 850 postres de manjar blanco para ser entregadas en cuatro semanas, nos tocó cerrar el local durante esas cuatro semanas. En aquel tiempo solo trabajábamos Lena, mamá, Paulo que es el que entrega los pedidos, y yo, en ese tiempo hasta a Paulo que no sabe ni calentar el agua le tocó ayudarnos.

A pesar que ya no somos cuatro trabajando sino ocho, hacer 4.000 postres en cinco semanas no era para nada sencillo.


—¡Tranquila! Empecemos desde ya y veraz que nos rinde el tiempo —comentó mami con una mirada esperanzadora. Motivaba a todos.
—Carmesí tienes razón —dijo Lena esforzándose por sonreír
—¡Esto nos va a llevar a la fama en esta ciudad y va a hacer que muchos de la clase elite quieran comprar nuestros postres aún más que el año pasado! —afirmó Paulo golpeando la mesa con la mano y con una mirada de optimismo.

Era verdad, el año pasado después del evento que hubo en el palacio, sin esperar empezaron a llamarnos personas importantes de la clase alta para hacerles postres especiales para sus eventos. Y como eran tantos pedidos, la señora Lena tuvo la posibilidad de contratar cuatro personas más en la cocina.

—Bueno, ¡Manos a la obra! —dijo mami mostrando los dientes.
—Nos pidieron postre de fresas 500, cupcakes de chocolate 500, cupcakes de avellanas y nueces con chocolate blanco 2500, postre de naranja 500.

Lena le pidió a Héctor y a Ana que se encargaran del postre de fresas, a Silvia a Daniel a mami y a mí de los cupcakes de avellana y nueces con chocolate blanco, y que el postre de naranjas se deje para la última semana; empezamos a amasar la harina para hacer los cupcakes, ciertamente son los más ricos que he probado, no hay local que se compare en cuanto al sabor que tiene los cupcakes que nosotros hacemos.

Mi vida era esta, de la casa a la tienda y de la tienda a la casa. Era una vida buena, no muy llena de lujos pero tranquila, compartiendo continuamente con mi madre como una amiga y con las personas con las que trabajaba. No me quejaba, cuando salí del colegio en lo único que pensaba era en trabajar aquí así que hoy en día por el momento no tengo grandes expectativas de mi vida a futuro.

Aquí ser del pueblo no es malo, no tienes cosas despampanantes como tal vez lo tienen los de la Élite o los del palacio pero tampoco son necesarias en este lugar. La gente es buena y en las calles se respira cierta libertad. En las calles no hay ningún papel en el piso y tratamos entre todos ayudarnos mutuamente. La gente que conozco no posee avaricia en su corazón. No hay gente en las calles sin hogar, porque aquí todos poseemos uno. Cada cierto tiempo se hacen colectas entre las comunidades de ciudad real, para realizar el festival del año que por cierto hace poco acaba de pasar, es una oportunidad para que todos nos beneficiemos. Gente de otras ciudades del reino y hasta extranjeros del reino llegan para compartir con nosotros y de esta forma muchas empresas como la de la señora Lena logran beneficiarse y lograr rentabilidades que sirven para cuando las ventas bajan.


Este fue el primer capítulo. La historia sigue, y créeme cuando te digo que no te podrás imaginar lo que continua. Revísala por ti misma: [Click aquí].

Estaré continuando la historia en el segundo libro pero cuando esté listo lo estaré publicando por medio de Instagram así que sígueme: @soysaraacosta.

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